Premier couchsurfing / Primer couchsurfing

Nuestra estancia en Montevideo finalizó sin que hubiésemos cambiado mucho nuestra percepción inicial: tal vez no visitamos los lugares adecuados o no tuvimos la imagen de las personas que aman la ciudad. Como la esperanza es lo último que se pierde, creemos firmemente que en otro momento de nuestro viaje podremos descubrir el lado amable de Montevideo.

El Pinar fue nuestro siguiente destino. Situado a las afueras de la gran ciudad, esta zona residencial se caracteriza por sus encantadoras casas unifamiliares de dos plantas, que harían las delicias de cualquiera. Un autobús nos condujo hasta la residencia de nuestra familia de couchsurfing en un trayecto muy animado. El resto de pasajeros no hizo ningún comentario sobre el hecho de que estábamos ocupando todo el pasillo del autobús con nuestros bártulos, se mostraron comprensivos y nos ayudaron en la ardúa tarea de identificar las paradas. Una señora parlanchina y amable se tomó la molestia de ponerme al día de la situación de Uruguay, pasando de la actualidad a la historia, el clima y otros sujetos de interés turísitico.

Cuando llegamos a nuestro destino, encontramos sin dificultad la casa oculta por el árbol y custodiada, no por un perro de tres cabezas, sino por tres canes independientes: Dunka, Coky y Malú, quienes nos dieron una cálida bienvenida junto a Rosana, nuestra anfitriona. En ese momento los niños no habían llegado aún, pero no tardarían en hacer su aparición. Aprovechamos para hacer un resumen de nuestras vidas y para hablar de mil cosas. Los habitantes de estas latitudes han adquirido el don de la conversación, algo que me viene de maravilla para mantenerme a la escucha, mi rol preferido dentro de las posibilidades que nos otorga la comunicación. Es la mejor forma de aprender ;-).

La sobremesa se prolongó hasta tarde y pudimos conocer un poco más a las personas que nos habían permitido franquear los límites de su vida privada, aunque no somos los primeros, han recibido a más de 150 couchsurfers con un alto porcentaje de experiencias positivas. Como anécdota: es difícil para un español erradicar de la noche a la mañana el verbo coger. Está demasiado presente en nuestro vocabulario habitual. Yo intentaba eliminarlo, pero a veces se me escapaba, ya que para mí no tiene ninguna connotación sexual, que es el caso de muchos hablantes de América del Sur. Lo peor fue tratar de convencer a los niños de que para mí no era « una mala palabra ». No conseguí hacerlos cambiar de opinión, por lo que tuve que modificar mi manera de hablar.

El día siguiente transcurrió sin pena ni gloria en sus primeras horas, pero al final nos aguardaba un evento que he esperado durante mucho tiempo, ¡un concierto de Extremoduro! Por diversas circunstancias nunca había podido verlos en directo rodeada de mis mejores amigos…¡pero ahora estaban en Montevideo y yo también! Afortunadamente, Allan no opuso resistencia porque hacía ya algún tiempo que escuchaba sus canciones.

Antes del concierto dimos una vuelta por el paseo marítimo y mucha suerte tuvimos de que el viento no nos llevase, porque el tiempo era horrible, gris y lluvioso.

Rio de la Plata en verano from Allan Neuzy on Vimeo.

Cuando al fin llegamos al Teatro de Verano, o de Verdura (así lo llama Allan con su graciosa forma de confundir las palabras) había una fila inmensa que daba dos vueltas al recinto. En un primer momento barajamos la opción de hacernos los guiris y colarnos progresivamente, pero finalmente decidimos ser justos y caminar hacia el final de la ‘laaaaarga’ fila. Entramos sin problema, pero no teníamos muy claro dónde podíamos ponernos. Le pregunté inocentemente a uno de los organizadores y sin pedirlo nos ofreció la oportunidad de ver el concierto desde una zona privilegiada por la que no habíamos pagado.  ¡La suerte nos sonreía!

La selección de canciones me gustó mucho, canté hasta desgañitarme. También presentaron un nuevo single que pidieron que no grabásemos para hacer de ese momento algo especial para otras ciudades donde tocarían más adelante. Me pareció muy bonito, al igual que los monólogos de carácter reflexivo-poético con los que nos deleitó el Robe en varias ocasiones. Además, la temperatura era perfecta, la fina lluvia que nos acompañaba sirvió para refrescarnos en todo momento.

Extremeduro en Montevideo from Allan Neuzy on Vimeo.

Para volver también tuvimos suerte gracias a la buena predisposición de los uruguayos, que nos indicaron la forma de regresar al hogar de nuestra familia de acogida.

Nuestro último día en la residencia de los Cabrera fue muy familiar. Logramos pasar algo más de tiempo con los niños, ya que terminan la escuela alrededor de las 12 del mediodía. Jugamos, hablamos, compartimos un almuerzo con ellos y también nos dimos cuenta de que la moda de las pulseritas está extendida por todo el planeta. Al final las cosas sencillas son las que mejor funcionan ;-). Nuestra conclusión: la primera experiencia couchsurfing ha sido inmejorable, las personas te otorgan toda su confianza, te abren las puertas de su casa y ponen todo a tu alcance como si fueses uno de sus amigos. ¿Qué mejor manera de conocer la sociedad uruguaya que hacerlo desde dentro?

El sol guió nuestros pasos hacia nuestro siguiente destino: La Paloma, con un nuevo anfitrión, Roberto.

Hasta pronto, gracias por participar en nuestra experiencia a través de nuestras entradas de blog.

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Montevideo est un grande ville, dont la banlieue plus aisée s’étend entre autre vers l’est, le long du Rio de la Plata. Un simple bus nous emmène donc chez nos premiers hôtes rencontrés via couchsurfing, la famille Cabrera (surtout formée par Rosana, une maman expressive, souriante, sympathique, bavarde et sportive), ayant déjà accueilli plus 150 couchsurfers. Impressionnant.

Nous arrivons là en début de soirée, et nous trouvons avec une facilité déconcertante la maison 4 façades cachée derrière les arbres. Étant novice dans le monde du couchsurfing, nous ne savions pas si nous serions conviés au repas du soir. La réponse fut affirmative : nous étions considérés comme faisant partie de la famille. Le repas est suivi d’un long moment de discussion, histoire d’apprendre à se connaitre (même si au final, nous n’avons presque pas parlé de nous…).

Le lendemain, sous la grisaille, nous nous sommes promenés dans le quartier jouxtant la plage pour finalement ne pas découvrir grand chose : le minimarket du coin affichant porte close et le mauvais temps nous poussèrent à rebrousser chemin. Rapidement, nous reprenions le chemin du centre de la capitale.

En effet, une bonne soirée nous y attendait. Nous avons eu l’incroyable coïncidence d’être à Montevideo le jour où jouait Extremoduro, groupe de rock espagnol mythique. Pour la petite histoire, Flora avait toujours voulu aller les voir en concert, mais la malchance s’abattait à chaque fois sur elle, et elle n’avait jamais eu l’occasion de les voir. La chance tourne 🙂

Nous arrivons sur place pour un premier repérage, quelques heures avant le concert pour voir l’emplacement exact du « théâtre de verdure » (Flora persiste à dire que c’est le théâtre de verano =été). Toujours sous cette bruine et cette vilaine grisaille, on découvre que ce théâtre est en plein air, à 50m de la mer, et à flanc d’une colline, ce qui permet un dénivelé naturel pour les gradins.

Voici un aperçu de notre petite balade qui a suivi :

Rio de la Plata en verano from Allan Neuzy on Vimeo.

Cette promenade « estivale » nous a menés dans notre premier supermarché uruguayen (nous ferons certainement un article à part entière pour expliquer nos comparaisons).

Nous nous arrangeons pour arriver au concert à l’heure (ou 10 minutes avant), et de loin, nous distinguons ce qui s’avérera être un foule attendant son tour pour rentrer. Cette foule est amassée sur le parking en terre, et étrangement les aficionados majoritairement de noir vêtus (la photo suivante ne confirmera pas cette affirmation), bières à la main (ou carton de vin pour ces dames) se rangent calmement dans une longue file de plus de 200m, qui formera de manière étrangement naturelle, une spirale.

DSC00090

On le distingue mal, mais la file continue sur la gauche, derrière les voitures, puis encore sur la gauche, etc…

Nous rentrons sans souci, et par chance, en demandant notre emplacement à un steward, il nous fait passer dans la zone proche de la scène, zone normalement bien plus chère. 😉

Le concert fut vraiment bon, je ne connaissais certes pas toutes les chansons, mais la fan qui m’accompagnait fut ravie, et moi aussi!

Extremeduro en Montevideo from Allan Neuzy on Vimeo.

Le retour vers la maison de nos hôtes de couchsurfing fut une autre histoire. Passé 1h du matin, les chances de trouver un bus qui aille jusque là s’amenuisent, et le stress se fait sentir. Mais la chance ne nous a pas quitté si rapidement, et nous trouvons relativement facilement, grâce à la bonne volonté et à l’amabilité des Montevideanos.

Le lendemain, nous passons nos derniers moments avec Rosana et les enfants, Lara (7ans) et Santiago dit Santi (9ans). Comme l’école primaire (publique) se termine tous les jours à 12h, nous avons de longues heures pour jouer avec eux avant de partir. Une bonne dose de bonne humeur grâce à eux…

 

Au final, Montevideo ne nous est pas apparue comme une ville spécialement jolie, la pluie et grisaille n’aidant pas. Nous avions établi plusieurs contacts sur place à l’avance, mais finalement personne de disponible les 3-4 jours où nous étions sur place. La faute à pas de chance et un enchevêtrement de mauvaise coïncidences, disons.

Nous restons sur le constat que Montevideo est une ville de contrastes géographiquement diffus. En d’autres mots, il peut sans problème avoir un bâtiment administratif international faisant face à un terrain abandonné, et de superbes façades mitoyennes d’un bâtiment en ruine. Les trottoirs sont très souvent en mauvais état, si bien que l’option des valises à roulettes n’est pas spécialement la meilleure pour voyager dans la capitale.

Le chemin continue vers un nouvel hôte, Roberto. Et on peut déjà vous dire que ça déchire 🙂

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